Ingredientes:

  • 500 g de harina de fuerza
  • 300 ml de leche entera tibia
  • 10 g de levadura seca instantánea
  • 50 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 10 g de azúcar blanca
  • 8 g de sal fina
  • 60 g de mantequilla fundida para la cobertura
  • 4 dientes de ajo grandes rallados
  • 15 g de perejil fresco picado
  • 1 g de hojuelas de chile

Instrucciones:

  1. Mezcla en el bol la harina con la sal y el azúcar. Haz un hueco en el centro y vierte la leche tibia junto con la levadura. Empieza a integrar con una cuchara de madera desde el centro hacia afuera hasta que se forme una bola pegajosa.
  2. Mientras la masa reposa, prepara la infusión. Derrite la mantequilla a fuego mínimo con el ajo rallado. Cuando empiece a burbujear levemente y el aroma sea irresistible, retira del fuego y añade el perejil y el chile. Deja que se enfríe a temperatura ambiente.
  3. Deja reposar la mezcla inicial por 10 minutos. Este tiempo de 'autólisis' simplificado permite que la harina se hidrate sola, facilitando mucho el amasado posterior. Notarás que la masa se vuelve menos rebelde.
  4. Lleva la masa a la mesa. Incorpora los 50 g de mantequilla blanda poco a poco. Al principio parecerá un desastre grasiento, pero sigue trabajando unos 10 o 12 minutos hasta que la masa esté lisa y brillante. Si golpeas la masa contra la mesa, ayudarás a desarrollar el gluten más rápido.
  5. Coloca la masa en un bol aceitado y tapa con un paño húmedo. Deja que doble su tamaño en un lugar cálido (unos 45-60 min). Luego, divide en 12 porciones iguales de unos 75-80 gramos cada una. Boolea cada pieza girándola contra la mesa con la palma de la mano.
  6. Pon los bollos en la bandeja, dejando espacio entre ellos. Tapa y deja fermentar otros 30 minutos. Pincela con la mitad de la mantequilla de ajo. Hornea a 375°F por 15 minutos hasta que estén dorados y suenen huecos al golpearlos por debajo. Al salir, dales un segundo baño con el resto de la mantequilla de ajo para un brillo espectacular.