Ingredientes:

  • 250 ml de zumo de naranja natural
  • 40 g de gelatina neutra en polvo
  • 30 ml de miel cruda
  • 15 ml de zumo de limón recién exprimido
  • 1 g de sal

Instrucciones:

  1. Vierte 100 ml del zumo de naranja frío en un bol pequeño y espolvorea los 40 g de gelatina neutra por encima en forma de lluvia. No remuevas fuerte todavía. Deja que repose durante unos 5 minutos hasta que la mezcla parezca una esponja compacta. Este paso es vital; si echas la gelatina directamente al líquido caliente, se formarán grumos imposibles de quitar.
  2. Mientras la gelatina se hidrata, pon los 150 ml de zumo restantes en el cazo a fuego medio bajo. Añade la sal y el zumo de limón. Calienta hasta que empiecen a salir pequeñas burbujas en el borde, pero evita que hierva a borbotones. El calor excesivo debilita el poder de gelificación de la proteína, y no queremos que nuestras chuches terminen siendo un líquido pegajoso.
  3. Retira el cazo del fuego e incorpora la esponja de gelatina hidratada. Remueve con las varillas suavemente hasta que desaparezca cualquier rastro sólido. Una vez que la mezcla esté líquida y uniforme, añade la miel cruda. Al hacerlo fuera del fuego, protegemos las enzimas de la miel y evitamos que se queme, manteniendo ese sabor floral intacto.
  4. Coloca tus moldes de silicona sobre una bandeja plana (esto es un truco de supervivencia: mover un molde de silicona lleno de líquido es una invitación al desastre). Rellena cada hueco con el cuentagotas. Deja que templen a temperatura ambiente unos 10 minutos y luego llévalos a la nevera. Deben estar allí al menos 2 horas hasta que al presionar con el dedo sientas una resistencia firme y elástica.